A 50 km de la capital Eslovena, Ljubliana, se encuentra la ciudad de Bled, en mitad de los alpes julianos y con unos parajes increíbles.
Lo que la hace especial es su lago con una pequeña isla en medio donde se encuentra una igleia, que puedes llegar a ella a través de una barca o alquilando un bote y poniéndote a remar.
Llegamos tempranito a Bled, hay un poco de caravana para entrar al pueblo, y vamos descubriendo que es bastante turístico, casi imposible aparcar gratis, así que nos toca apoquinar para poder dejar el coche en un parking-campa que un señor se había montado, 4 Euros todo el día.
Las primeras vistas nos impresionan y no dejamos de hacer fotos, no solo es el lago lo que sorprende, sino donde están situados su castillo y la iglesia. Uno en una montaña encima de las rocas y la otra en una isla en medio del lago que lo hace bastante especial por su particularidad.
Para poder aprovechar el tiempo nos alquilamos unas bicis por 3 Euros la hora y poder pasear y hacer todo el recorrido alrededor del lago, disfrutando pero sin cansarnos mucho, vale la pena porque andando tiene su caminata.
La gente toma el sol en sus alrededores y se meten al lago, la verdad, es que la limpieza del agua invita a un chapuzón. Nosotros nos unimos a ellos y montamos nuestro picnic a la española, con nuestra tortillita de patata, que después de tres días en una fiambrera tatatachan olía a podrido que no veas, así que cambiamos el menu y nos acercamos al supermercado a por otros manjares.
Después de pasar tres días recorriendo el país, ha sido lo que más nos a sorprendido, lo que más nos ha gustado y donde más carrete de fotos hemos gastado jeje es un sitio que no decepciona para pasar una fantástica mañanita.
Lo que la hace especial es su lago con una pequeña isla en medio donde se encuentra una igleia, que puedes llegar a ella a través de una barca o alquilando un bote y poniéndote a remar.
Llegamos tempranito a Bled, hay un poco de caravana para entrar al pueblo, y vamos descubriendo que es bastante turístico, casi imposible aparcar gratis, así que nos toca apoquinar para poder dejar el coche en un parking-campa que un señor se había montado, 4 Euros todo el día.
Las primeras vistas nos impresionan y no dejamos de hacer fotos, no solo es el lago lo que sorprende, sino donde están situados su castillo y la iglesia. Uno en una montaña encima de las rocas y la otra en una isla en medio del lago que lo hace bastante especial por su particularidad.
Para poder aprovechar el tiempo nos alquilamos unas bicis por 3 Euros la hora y poder pasear y hacer todo el recorrido alrededor del lago, disfrutando pero sin cansarnos mucho, vale la pena porque andando tiene su caminata.
La gente toma el sol en sus alrededores y se meten al lago, la verdad, es que la limpieza del agua invita a un chapuzón. Nosotros nos unimos a ellos y montamos nuestro picnic a la española, con nuestra tortillita de patata, que después de tres días en una fiambrera tatatachan olía a podrido que no veas, así que cambiamos el menu y nos acercamos al supermercado a por otros manjares.
Después de pasar tres días recorriendo el país, ha sido lo que más nos a sorprendido, lo que más nos ha gustado y donde más carrete de fotos hemos gastado jeje es un sitio que no decepciona para pasar una fantástica mañanita.
Comentarios
Publicar un comentario